Afecto afecto AFECTO afecto
Mambo afectivo con las cosas; los códigos genéticos del universo, que no nos pertenece, no lo poseemos.
Y por eso permanezco acá, bajo el lodo aquietante mirando hacia una expansión de estrellas liquidas que se encuentran con mis lagrimas, por ese desconsuelo de permanecer para terminar por:
de sen con trar me con el amor de seres que condescienden, palpitan al ritmo de la convivencia superflua que estremece sus clichés de coctelera pegajosa.
Y si no alcanzo a reconocerte mi amor ¿cual sería mi propósito sustancial como la niña carente de sentido común?
Si no puedo revolucionarme como una extensión hacia vos [tra scen dien do té]
¿cómo pretender abrigar consuelo para atravesar a las ideas para revolucionar el mundo?
Sí cuando me frustre la agonía me funda...Y que si quizás tenemos, nosé, un hijo! y la agonía esta se convierta en un movimiento enajenado globalmente...
y se trate de un universo conquistado por las drogas que alucinan y complacen
Tal vez puedas a través de tus utilerías genéticas y tus codigos químicos crear una investigación alucinogena que te desplome en mis brazos, recordando
la fraterninad que alguna vez fuiste
en el vientre de cariño
que fuimos
ambos
Y que nuestro hijo sea ese desplome que podríame sublevar
subiendo los peldaños vivenciales
para llegar al cielo
desplegando las alas de lo que fué mi amnesia
y la soledad del mundo
para reencontrarnos con el amor devocional que conciernen los cometas
y dejar atrás
criaturas redimidas por las drogas
que moran
en el pasado, y por fin bien lejano y desconsolado pasado.
Allí tal vez mi soledad no sea tanta y mis estrellas líquidas sean ojos abiertos que se encuentren con tu <[vos]> verdadero.
martes, 24 de junio de 2014
sábado, 21 de junio de 2014
Azaroso azul: Deshacer lo tóxico ▼Parte 3▼
Quizás toda esta multidimensión imaginaria de la que unx forma parte en estos momentos como el que vivencio con Espinas, termina reduciendose mentalmente en un beso con manos de canasto, como quien está dispuesto a recibir.
Pero no; de pronto, él decidió tomar sus pertenencias para retirarse de mi recinto de fantasía, sin más.
Ese hecho quebró la mentalidad, que por momentos construye sin escrúpulos, ensoñaciones corpulentas que quieren nacer, pero su existencia se anula.
Se anula por este dios circunstancia que nos excede y nos dispone a distintas realidades.
Este fin (que no lo es) despidió con Espinas una empatía transparente e intrincada con rasjuñitos en la sien, con un abrazo cálido y un poco alejado.
Se fué.
Cerré la puerta, frunciendo el ceño como por 30 segundos sin memoria.
Con una extrañeza que siempre se queda unx cuando se encuentra con estas anulaciones de espectativas.
Espectativas que rasquetean el vientre envinagrado de ansiedad prematura.
Me incliné para tenderme más allá, en mi cama destartalada de soledad, me sentí tan triste, confundida y viva que dilucidé en lo vital y azaroso que había sido este encuentro desconcertante con Espinas.
Descubrí en esa apreciación, que encarnarse en lo o concreto o insólito de la vida despide a las desiluciones o charlatismos; y frenético acepta esa fantasía que la circunstancia cruel nos propone para deshacer la historicidad de los hechos y lamer cada pánico y perdida hermosa que sostiene el universo y que es vital, valiente y única.
Desposeída oscilé entre la risa y el llanto, el herir y retribuir, tu susto y mi torpeza y me amé sin desengaños, desposeída.
Desvalijé mis miedos y pretenciones.
Y abrazandome me dormí.
¡porque sí!
Pero no; de pronto, él decidió tomar sus pertenencias para retirarse de mi recinto de fantasía, sin más.
Ese hecho quebró la mentalidad, que por momentos construye sin escrúpulos, ensoñaciones corpulentas que quieren nacer, pero su existencia se anula.
Se anula por este dios circunstancia que nos excede y nos dispone a distintas realidades.
Este fin (que no lo es) despidió con Espinas una empatía transparente e intrincada con rasjuñitos en la sien, con un abrazo cálido y un poco alejado.
Se fué.
Cerré la puerta, frunciendo el ceño como por 30 segundos sin memoria.
Con una extrañeza que siempre se queda unx cuando se encuentra con estas anulaciones de espectativas.
Espectativas que rasquetean el vientre envinagrado de ansiedad prematura.
Me incliné para tenderme más allá, en mi cama destartalada de soledad, me sentí tan triste, confundida y viva que dilucidé en lo vital y azaroso que había sido este encuentro desconcertante con Espinas.
Descubrí en esa apreciación, que encarnarse en lo o concreto o insólito de la vida despide a las desiluciones o charlatismos; y frenético acepta esa fantasía que la circunstancia cruel nos propone para deshacer la historicidad de los hechos y lamer cada pánico y perdida hermosa que sostiene el universo y que es vital, valiente y única.
Desposeída oscilé entre la risa y el llanto, el herir y retribuir, tu susto y mi torpeza y me amé sin desengaños, desposeída.
Desvalijé mis miedos y pretenciones.
Y abrazandome me dormí.
¡porque sí!
martes, 17 de junio de 2014
Azaroso azul: Encuentro impermeable ▼Parte 2▼
Una semana después-
El esbozo de un sitio nuevo (ojalá soleado) parpadea titubeante bajo el abrigo de las alfombras y los tejidos otoñales de las cortinas que se amarran con sogas.
El hombre moreno, que llamaré Espinas llega a mi casa, se balancea y me mira, bloqueado, enroscando sus labios; yo observó e imagino una avalancha de posibilidades que podrían desplegarse en ese momento.
Deslizo las cortinas otoñales hacia el centro y lo unico que queda es la sutileza de mi grato gesto para estimular la motivación del cuarto y sus albedríos osados.
Me siento, lo miro traviesa, me prolongo por momentos y dudo un poco.
El esbozo de un sitio nuevo (ojalá soleado) parpadea titubeante bajo el abrigo de las alfombras y los tejidos otoñales de las cortinas que se amarran con sogas.
El hombre moreno, que llamaré Espinas llega a mi casa, se balancea y me mira, bloqueado, enroscando sus labios; yo observó e imagino una avalancha de posibilidades que podrían desplegarse en ese momento.
Deslizo las cortinas otoñales hacia el centro y lo unico que queda es la sutileza de mi grato gesto para estimular la motivación del cuarto y sus albedríos osados.
Me siento, lo miro traviesa, me prolongo por momentos y dudo un poco.
Espinas tiene una capacidad para abrigar y desorbitar sus ojos que me caigo de culo al piso y atravieso la madera, me clavo los tornillos, todo.
Por mas día nublado que sea, por mas que lo más excentrico de esta vivencia sea mi codo rozando la mesa, hay una especie de antimateria que me regenera como su victima, en retaguardia; en contacto con su silencio alborotado, devastador, tan lleno, tan catarata, tan grito desesperado, tan espectante.
Ay ay ay, tan punzante Espinas, desde que lo ví me gustó tu insólita abertura con la realidad y que tu conciliación siempre fuera una coexistencia almidonada, callada, irreversible y un poco en pánico, desprotegida.
Me dirijo al baño discreta y me miro en el espejo. Es como si me mimetizara con él y llenara mis pulmones con ansiedad de vaciar un tanque irremediablemente atiborrado de amor, grotesco para los ojos determinantes.
Me integro de nuevo en esas olas miedosas y atemporales.
Me acuerdo que había servido un vaso de cerveza y voy como de a saltitos a tomarlo, como una minuciosa salida de emergencia.
Ablandando los muslos en el piso fresco otorgo exultante unas cartas de baraja común española y Espinas asiente sonriente y cándido.
Al hacer todo este proceso de contar las cartas, para no pegarse flor de desilución repartiendo y todo lo que el juego pretende, reflexiono que la coraza sensitiva que tiene Espinas es casi de una maleabilidad impenetrable.
Quizás siempre estoy un poco mas errada que todo, siempre un poco más abajo, un poco mas a la derecha, abajito, arribita, en dos lugares a la vez, parcialmente ensimismada, contradictoria, estupidizante.
Lo abrazo y resurge ese infinito y complejo problema de lateralidad, dificil de circunscribir, dificil de inteligir pero sesnible a las pasiones, a los 26 ríos que sostienen sus ojos, a sus contradicciones reales, verdaderas, libres de ser lo que son, porque lo amerite o no, pero se filtra y renace en la oreja derecha de tu compañero que arde rojísima.
Y se despliegan las carcajadas, sale el movimiento lúdico de nuestros cuerpos, siempre con esas reservas mentales que quedan secretas ¡porque sí!
Doy un brinco brinco y pongo Miguel Abuelo, porque le creo y es mi amigo, mi confidente además de mi (y qué divertidísimo es ser autoconfidente, tan uno, tan solo y triste, tan existente y vivo)
Canto, me exalto, efusiva juego, jugamos atropellados, sin un gramo de estrategia o ganitas de triunfar. Era así, tan puente ese juego, tan extensión de uno a otro...
Por mas día nublado que sea, por mas que lo más excentrico de esta vivencia sea mi codo rozando la mesa, hay una especie de antimateria que me regenera como su victima, en retaguardia; en contacto con su silencio alborotado, devastador, tan lleno, tan catarata, tan grito desesperado, tan espectante.
Ay ay ay, tan punzante Espinas, desde que lo ví me gustó tu insólita abertura con la realidad y que tu conciliación siempre fuera una coexistencia almidonada, callada, irreversible y un poco en pánico, desprotegida.
Me dirijo al baño discreta y me miro en el espejo. Es como si me mimetizara con él y llenara mis pulmones con ansiedad de vaciar un tanque irremediablemente atiborrado de amor, grotesco para los ojos determinantes.
Me integro de nuevo en esas olas miedosas y atemporales.
Me acuerdo que había servido un vaso de cerveza y voy como de a saltitos a tomarlo, como una minuciosa salida de emergencia.
Ablandando los muslos en el piso fresco otorgo exultante unas cartas de baraja común española y Espinas asiente sonriente y cándido.
Al hacer todo este proceso de contar las cartas, para no pegarse flor de desilución repartiendo y todo lo que el juego pretende, reflexiono que la coraza sensitiva que tiene Espinas es casi de una maleabilidad impenetrable.
Quizás siempre estoy un poco mas errada que todo, siempre un poco más abajo, un poco mas a la derecha, abajito, arribita, en dos lugares a la vez, parcialmente ensimismada, contradictoria, estupidizante.
Lo abrazo y resurge ese infinito y complejo problema de lateralidad, dificil de circunscribir, dificil de inteligir pero sesnible a las pasiones, a los 26 ríos que sostienen sus ojos, a sus contradicciones reales, verdaderas, libres de ser lo que son, porque lo amerite o no, pero se filtra y renace en la oreja derecha de tu compañero que arde rojísima.
Y se despliegan las carcajadas, sale el movimiento lúdico de nuestros cuerpos, siempre con esas reservas mentales que quedan secretas ¡porque sí!
Doy un brinco brinco y pongo Miguel Abuelo, porque le creo y es mi amigo, mi confidente además de mi (y qué divertidísimo es ser autoconfidente, tan uno, tan solo y triste, tan existente y vivo)
Canto, me exalto, efusiva juego, jugamos atropellados, sin un gramo de estrategia o ganitas de triunfar. Era así, tan puente ese juego, tan extensión de uno a otro...
jueves, 5 de junio de 2014
Azaroso azul: El estanque ▼Parte 1▼
En el estanque me encontré con un tipo alto, moreno y con perfil prometedor.
Si bien mi afán ese día era el de encontrar un regalo acorde a las especulaciones disfrazadas de mi amiga Gala, no pude abstenerme de entablar una charla minúscula que me termino por introducir en sus bolsillos acolchonados.
Resbalamos por el suelo solido y su mano empezó a sudar como una avalancha de garabatos emocionales que se retorcían aleteando.
Sí, muy tirada de los pelos la frase esa, pero la gravedad del momento lo vuelve a uno un especialista para la efusividad y el exageramiento de los hechos.
Cuando uno uno uno pasa tanto tiempo solo crea un espacio apasionado, una dimensión solitaria, en la que las perchas que cuelgan se vuelven tus complices, tu gato tu compañía amorosa y tu cuaderno el mejor confidente además tuyo, en ese dormitorio.
Por consiguiente, yace en reposo, ¿De qué? ¿Cómo puede ser que usted persona amante no lo comprenda?
En reposo de eso mismo, de las manos sudorosas, de las mejillas rosadas y calientes anhelando ser besadas, de la fiebre que viene y va, de la cobija eterna. ¿Comprende-mé?
Bueno volviendo a lo que nos incumbe, cuestión que entre revuelo de palabras y distanias, nos sumimos como en un limbo afectuoso que nos dejó inmunes a los contornos externos que deambulaban por ahí. Nos volvimos atérmicos al clima, eximidos del cansancio.
Si bien, estaba totalmente implicito para ambos que el objetivo del regalo de cumpleaños había quedado evaporado; yacía una atmósfera titubeante entre los dos, alimentada con verguenza creo yo.
Ninguno se atrevería a desmenuzar sus pensamientos oralmente.
Y no lo creíamos necesario tampoco.
Así que simplemente nos deslizamos por un pasto humedo y sedoso, prometedor como ese loco ser que me consumía la atención con sus carcajadas.
Encandilada por sus abrazos espumosos me entregué a su boca entre cosquillas, una fuga de endorfinas decoró el suelo y rodeó los ansiosos cuerpos que sin más se despidieron para alcanzar sus deberes de esa noche.
Si bien mi afán ese día era el de encontrar un regalo acorde a las especulaciones disfrazadas de mi amiga Gala, no pude abstenerme de entablar una charla minúscula que me termino por introducir en sus bolsillos acolchonados.
Resbalamos por el suelo solido y su mano empezó a sudar como una avalancha de garabatos emocionales que se retorcían aleteando.
Sí, muy tirada de los pelos la frase esa, pero la gravedad del momento lo vuelve a uno un especialista para la efusividad y el exageramiento de los hechos.
Cuando uno uno uno pasa tanto tiempo solo crea un espacio apasionado, una dimensión solitaria, en la que las perchas que cuelgan se vuelven tus complices, tu gato tu compañía amorosa y tu cuaderno el mejor confidente además tuyo, en ese dormitorio.
Por consiguiente, yace en reposo, ¿De qué? ¿Cómo puede ser que usted persona amante no lo comprenda?
En reposo de eso mismo, de las manos sudorosas, de las mejillas rosadas y calientes anhelando ser besadas, de la fiebre que viene y va, de la cobija eterna. ¿Comprende-mé?
Bueno volviendo a lo que nos incumbe, cuestión que entre revuelo de palabras y distanias, nos sumimos como en un limbo afectuoso que nos dejó inmunes a los contornos externos que deambulaban por ahí. Nos volvimos atérmicos al clima, eximidos del cansancio.
Si bien, estaba totalmente implicito para ambos que el objetivo del regalo de cumpleaños había quedado evaporado; yacía una atmósfera titubeante entre los dos, alimentada con verguenza creo yo.
Ninguno se atrevería a desmenuzar sus pensamientos oralmente.
Y no lo creíamos necesario tampoco.
Así que simplemente nos deslizamos por un pasto humedo y sedoso, prometedor como ese loco ser que me consumía la atención con sus carcajadas.
Encandilada por sus abrazos espumosos me entregué a su boca entre cosquillas, una fuga de endorfinas decoró el suelo y rodeó los ansiosos cuerpos que sin más se despidieron para alcanzar sus deberes de esa noche.
viernes, 30 de mayo de 2014
Grisaceo sobrecojedor: La unidad
Familiarizarse con el dolor minucioso, abrazar los costados perversos que recorren los espacios de los humanos.
Reconocer a través de telarañas que despiden los recuerdos, ese rostro que es el nuestro, que vive intacto, ese rostro que además de reflejo es alma y nos autoriza a vivir en el pantano que es paraíso y que por mas ambiguo que sea, no espanta, no hiere, no desespera.
Y si llegara a hacerlo, la piel nuestra atravesará nuestra tragica azotea de intentos infinitos hasta tocar fondo en la sangre y reconocer su mérito, amar su mérito.
Familiarizando así nuestros ojos con esos espantapájaros que nos estancan en la agonía de los prejuicios, de los fracasos.
Asumiendo el margen fugaz en donde los martires estos palpitan.
Adorándolos, rozándolos, vivenciandolos, para sublevarte en esta azotea desde debajo del suelo duro, doliente; que por más complejidad y suciedad que este espacio tenga: ¿Cuanto tiempo se alojó en tu vientre? ¿Cuantas veces rozó tu echo lastimoso dejando pasar las horas?
Esta suciedad está en vos, está en mi.
Tengo barro en los tobillos, el tiempo transcurrió y permaneció aun como tela araña del recuerdo, de la memoria que sigue flotando con la diversidad que abarca este vivir transcurrido.
Convivir con esto no es facil, este estado, como señor desgraciado que es, es capaz de pegarse cual garrapata chupando tus palpitos y consumiéndote.
Por eso, tomalo del rostro que vos mismo le adjudicaste, que es triste y sucio; miralo a los ojos y decile, si es necesario gritale:
En este día cedo mi arrepentimiento al viento que ya sabrá que hacer con él y te voy a amar, a reconocer como a cualquier otro estado y a vestir con ropa nueva y limpia para que vivas cómodo en mi vientre prescindiendo de tu agresividad prematura.
Andá al baño, secate los ojos si es necesario y concentrate en el reflejo de tu mirada, despuntá tu cuello, recojete el pelo y rezá porque el día esté soleado para ir a jugar.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Grisaceo sobrecojedor: Pieles
Las pieles antiguas que desgarramos al toparnos con inconfundibles laberintos de sentimientos, son esas huellas que quedan paulatinamente en nuestro cuerpo para recordarnos quienes somos.
Y las huellas ajenas son como plumazos inadvertidos de los cuales debemos aprender.
La gente cuando muere, deja un firmamento en las almas y en la tierra, algo inamovible.
Cuando un niño muere su firmamento queda en las estrellas con afán de palpitar y brillar todavía, como si su fuerza e ideales interiores quedaran pendientes con el universo; ese amor que mutó prematuramente se desploma sobre nuestros laberintos dandonos fuerza, manteniendonos invencibles y alertas.
Por eso hay que estar advertidos de la magnificencia que contiene el hecho de cambiar y mutar pieles que nos desvanecen, así al morir permaneceremos jóvenes y fuertes, como un niño en el firmamento.
[24/08/13]
Y las huellas ajenas son como plumazos inadvertidos de los cuales debemos aprender.
La gente cuando muere, deja un firmamento en las almas y en la tierra, algo inamovible.
Cuando un niño muere su firmamento queda en las estrellas con afán de palpitar y brillar todavía, como si su fuerza e ideales interiores quedaran pendientes con el universo; ese amor que mutó prematuramente se desploma sobre nuestros laberintos dandonos fuerza, manteniendonos invencibles y alertas.
Por eso hay que estar advertidos de la magnificencia que contiene el hecho de cambiar y mutar pieles que nos desvanecen, así al morir permaneceremos jóvenes y fuertes, como un niño en el firmamento.
[24/08/13]
miércoles, 21 de mayo de 2014
Grisaceo sobrecojedor: La madame
La madame se despierta en su casa, se integra desparramada, se endereza y erguida articula sus pantorrillas; sus pies concientes en el piso empiezan a caminar.
Llama a sus gatos y enérgicamente les da su alimento balanceado, su Dios alimento.
Ellos, seres oscuros de bigotes exclusivos sumerjen su cabecita esponjosa en el plato y terminan su alimento para mimetizarse con los tejidos que pronto arroparán sus osadas colchonetas que existen como huellas.
Tendiendo coordenadas espiraladas se aquietan para volver a sí mismos y relajarse, dormirse; fortaleciendo sus frecuencias somníferas e intuitivas.
La madame los mira enternecida- ¡Qué criaturas mas complacientes!
Y allí es donde mora su felicidad humana, tan alivianada en su bosquejo de vida tranquila junto a sus alfombras, gatos y margaritas de plástico (para sentirse fructífera)
Pero como cada mañana, bajo el manto del sol, tormenta, nube, esponja gris; esta señora almacena una baraja de infusiones estilisticamente conformes a los estados que experimenta día por día.
Y ni hablar de sus contenedores:
Taza chica, taza grande, pocillo, cacharro, con una manija, dos manijas, multifaséticas manijas, extravagantes manijas y colores, portadores de cuchara, cucharita y cucharón.
Santificando sus modelos, decide, escoje su primer té, el regenérico, el más importante y nutritivo. De pronto la invade una intuición maldita cuando con su "cucharita" rasquetea las paredes incipientes de la porcelana fría de ese tarrito desdichado por prescindir del azúcar necesario para ser feliz.
Acariciando y estirando levemente la cúpula de sus ojos la señora intenta ser apacible para no cruzar la linea que quiebra la tolerancia para partirse en pánico.
Toma el teléfono, mordiendo su labio marchíto inferior y llama a su hijo.
(Ella está muy vieja para ir de acá para allá, o al menos eso cree ella, señora de sutilezas hogareñas y televisores pedantes)
-Hola madre- dice él
-Hola, Marcelito, oigo ruido de barullo. ¿Dónde estás?
-En pago facil má. ¿Vos cómo estás? ¿Pasó algo?
- ¡Ay! Qué bueno que preguntas. No quisiera molestarte hijo pero el dia está muy humedo para salir y me quedé sin azucar. ¿No podrás pasarte por acá?
-Uh mamá ¿Para qué existen las vecinas? Decí que ando cerca, en un rato voy; te llevo algo para comer ¿Te parece?
-Si hijo sí, sos un amoroso. ¡Primordial el azúcar por favor!
-Si mamá, tranquila. Chau chau.
La madame toma asiento mirando al reloj angustioso que la mira y la madame lo mira y son dos presas de sí mismos, se crean a cada instante.
Suena el timbre y ella va trastabillando hasta la manija.
Lo recibe y lo abraza.
Marcelo activa su rumbo tranquilo hacia la cocina y ella hace lo mismo pero pequeña diferencia, su rumbo está alborotado.
Hierve el agua y la madame se desliza con un congojo satisfecho hacia la pava para verter el agua a su taza chica-azul-con lunares-unimanijal. Finalmente toma asiento para absorber su bebida sagrada.
El almacena las verduritas cortadas a un costado de la mesada y empieza a freír especie por especie mientras traba charla entrecortada con ella que mira la tele a lo lejos.
Al transcurso de unos aproximados 50 minutos, la comida yace reluciente sobre la mesa también reluciente con un mantel reluciente, entre manos relucientes, debajo de sus caras relucientemente entes.
En la sobremesa él se encarga de otorgar su té after comida a la madame que la ayuda a digerir mejor.
Acto siguiente, se empieza a tratar una charla (poco peculiar) inclinada hacia el tema tránsito de personas en la calle, en el supermercado, y en distintas sucursales de nuestro país argentino.
Avanzada esta conversación que desvaría entre el desacuerdo y el acuerdo (que en este transfigura mas Marcelo por ceder que por otra cosa) se empieza como a desmembranar la paciencia mental de la señora Madame y sin procedimiento previo pega un grito que de tan fuerte queda al unísono de todo el bochorno de la ciudad entera de Buenos Aires.
-Pero mamá, tranquila. ¿Qué te pasa?
-¡Que me pusiste el té en taza grande Marcelo! Ay, querido, ay, sabés que es mediano después de comer. ¿Por qué me hacés esto?¿Me querés hacer mal vos?
-Alejandra ¿Vos me estás jodiendo? ¡Tomá menos! Vengo... Te hago la comida con la mejor onda y ¿me hacés un despiole de la gran madre por una taza?
-Ah ¿Así que ahora me pasás factura por la comida? ¿Sabés cuantos años te cociné yo querido? ¡Veintiuno! Aprendí sobre tus platos favoritos y te hice día tras día el plato predilecto... Y ahora resulta que para el pibe es un enigma saber cómo prepararle el té a su propia vieja. Querido yo estoy vieja por si no sabías, merezco un poco de paciencia.
-Pero vos sos la que no me tiene paciencia a mí, mamá. ¡Sos re obsesiva! Y de pendejo me tenías a rienda corta, sí, me cocinabas días tras día pero nunca redimiste mis ideales ni me apoyaste en mis proyectos. ¿Sabés qué? Mejor me voy yendo, estoy un poco apurado por si no se nota...Nos vemos mamá.
Portazo.
(Pasan aproximadamente 5 minutos)
La madame mira a sus felinos y les dice:
¿Ven que ustedes son los únicos que me complacen? Nadie allá afuera puede hacerlo, pero ya va a ver Marcelito...Es un poco terquito marcelito, me dice obsesiva; pero la madame es sofisticada de más también, es dificil abastecer mis deseos íntegros y sutiles.
A mi me angustia por él que si con su madre y un té le va así no me imagino con las mujeres...
A ver la comidita...
Ah no, cierto...que ahora les toca platito amarillo.
Llama a sus gatos y enérgicamente les da su alimento balanceado, su Dios alimento.
Ellos, seres oscuros de bigotes exclusivos sumerjen su cabecita esponjosa en el plato y terminan su alimento para mimetizarse con los tejidos que pronto arroparán sus osadas colchonetas que existen como huellas.
Tendiendo coordenadas espiraladas se aquietan para volver a sí mismos y relajarse, dormirse; fortaleciendo sus frecuencias somníferas e intuitivas.
La madame los mira enternecida- ¡Qué criaturas mas complacientes!
Y allí es donde mora su felicidad humana, tan alivianada en su bosquejo de vida tranquila junto a sus alfombras, gatos y margaritas de plástico (para sentirse fructífera)
Pero como cada mañana, bajo el manto del sol, tormenta, nube, esponja gris; esta señora almacena una baraja de infusiones estilisticamente conformes a los estados que experimenta día por día.
Y ni hablar de sus contenedores:
Taza chica, taza grande, pocillo, cacharro, con una manija, dos manijas, multifaséticas manijas, extravagantes manijas y colores, portadores de cuchara, cucharita y cucharón.
Santificando sus modelos, decide, escoje su primer té, el regenérico, el más importante y nutritivo. De pronto la invade una intuición maldita cuando con su "cucharita" rasquetea las paredes incipientes de la porcelana fría de ese tarrito desdichado por prescindir del azúcar necesario para ser feliz.
Acariciando y estirando levemente la cúpula de sus ojos la señora intenta ser apacible para no cruzar la linea que quiebra la tolerancia para partirse en pánico.
Toma el teléfono, mordiendo su labio marchíto inferior y llama a su hijo.
(Ella está muy vieja para ir de acá para allá, o al menos eso cree ella, señora de sutilezas hogareñas y televisores pedantes)
-Hola madre- dice él
-Hola, Marcelito, oigo ruido de barullo. ¿Dónde estás?
-En pago facil má. ¿Vos cómo estás? ¿Pasó algo?
- ¡Ay! Qué bueno que preguntas. No quisiera molestarte hijo pero el dia está muy humedo para salir y me quedé sin azucar. ¿No podrás pasarte por acá?
-Uh mamá ¿Para qué existen las vecinas? Decí que ando cerca, en un rato voy; te llevo algo para comer ¿Te parece?
-Si hijo sí, sos un amoroso. ¡Primordial el azúcar por favor!
-Si mamá, tranquila. Chau chau.
La madame toma asiento mirando al reloj angustioso que la mira y la madame lo mira y son dos presas de sí mismos, se crean a cada instante.
Suena el timbre y ella va trastabillando hasta la manija.
Lo recibe y lo abraza.
Marcelo activa su rumbo tranquilo hacia la cocina y ella hace lo mismo pero pequeña diferencia, su rumbo está alborotado.
Hierve el agua y la madame se desliza con un congojo satisfecho hacia la pava para verter el agua a su taza chica-azul-con lunares-unimanijal. Finalmente toma asiento para absorber su bebida sagrada.
El almacena las verduritas cortadas a un costado de la mesada y empieza a freír especie por especie mientras traba charla entrecortada con ella que mira la tele a lo lejos.
Al transcurso de unos aproximados 50 minutos, la comida yace reluciente sobre la mesa también reluciente con un mantel reluciente, entre manos relucientes, debajo de sus caras relucientemente entes.
En la sobremesa él se encarga de otorgar su té after comida a la madame que la ayuda a digerir mejor.
Acto siguiente, se empieza a tratar una charla (poco peculiar) inclinada hacia el tema tránsito de personas en la calle, en el supermercado, y en distintas sucursales de nuestro país argentino.
Avanzada esta conversación que desvaría entre el desacuerdo y el acuerdo (que en este transfigura mas Marcelo por ceder que por otra cosa) se empieza como a desmembranar la paciencia mental de la señora Madame y sin procedimiento previo pega un grito que de tan fuerte queda al unísono de todo el bochorno de la ciudad entera de Buenos Aires.
-Pero mamá, tranquila. ¿Qué te pasa?
-¡Que me pusiste el té en taza grande Marcelo! Ay, querido, ay, sabés que es mediano después de comer. ¿Por qué me hacés esto?¿Me querés hacer mal vos?
-Alejandra ¿Vos me estás jodiendo? ¡Tomá menos! Vengo... Te hago la comida con la mejor onda y ¿me hacés un despiole de la gran madre por una taza?
-Ah ¿Así que ahora me pasás factura por la comida? ¿Sabés cuantos años te cociné yo querido? ¡Veintiuno! Aprendí sobre tus platos favoritos y te hice día tras día el plato predilecto... Y ahora resulta que para el pibe es un enigma saber cómo prepararle el té a su propia vieja. Querido yo estoy vieja por si no sabías, merezco un poco de paciencia.
-Pero vos sos la que no me tiene paciencia a mí, mamá. ¡Sos re obsesiva! Y de pendejo me tenías a rienda corta, sí, me cocinabas días tras día pero nunca redimiste mis ideales ni me apoyaste en mis proyectos. ¿Sabés qué? Mejor me voy yendo, estoy un poco apurado por si no se nota...Nos vemos mamá.
Portazo.
(Pasan aproximadamente 5 minutos)
La madame mira a sus felinos y les dice:
¿Ven que ustedes son los únicos que me complacen? Nadie allá afuera puede hacerlo, pero ya va a ver Marcelito...Es un poco terquito marcelito, me dice obsesiva; pero la madame es sofisticada de más también, es dificil abastecer mis deseos íntegros y sutiles.
A mi me angustia por él que si con su madre y un té le va así no me imagino con las mujeres...
A ver la comidita...
Ah no, cierto...que ahora les toca platito amarillo.
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